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Finaliza el 2025 y para mi llega el momento de despedirme. Al acabar este año, acabo también mi etapa en el despacho.

Recuerdo perfectamente el vértigo, también la emoción y la energía, cuando, de vuelta a Zaragoza, abrí despacho “unipersonal” (en el sentido más literal y solitario de la palabra). Sin internet, ni por supuesto IA. Todo era pura artesanía. Han pasado más de 30 años (y 36 desde que me colegié en el Real e Ilustre Colegio de Abogados de Zaragoza).

Ha sido un camino no siempre fácil, muy intenso y exigente en dedicación, pero siempre apasionante.

Durante estos años he trabajado sobre todo con PYMES y con muchas empresas familiares, codo a codo, con sus socios y gestores. En momentos de dificultades y conflictos, pero también de éxito y crecimiento. Veo con enorme satisfacción como algunas de ellas hoy están en segunda e, incluso, en tercera generación. ¡Cuánto me han enseñado! Nunca me cansaré de reiterar mi admiración por sus socios y gestores. Son el motor económico de Aragón y de España.

Siento enorme agradecimiento también hacia todos los profesionales del mundo jurídico y económico que, de una forma u otra, también, como contrincantes, han formado parte de este camino. Me han enseñado mucho.

Aprendí esta profesión trabajando en equipo en mi primer despacho, URÍA, al que le debo ser abogado.

Por ello, desde el primer momento mi objetivo (mi obsesión), fue “hacer equipo”. Nunca he creído en las individualidades brillantes.

Me voy con la satisfacción de que ese equipo, con Raúl Palacín, Agustín Hernández e Ingrid Crespo, continúa y sé que va a seguir trabajando con el rigor, entrega y profesionalidad que hemos querido imprimir siempre en nuestro trabajo.

Nuestro lema ha sido que “Somos lo que hacemos repetidamente. La excelencia, entonces, no es un acto, sino un hábito”. (Aristóteles).

Os deseo a todos un magnífico 2026. 

Carmen

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